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Bueno, entonces si la mayoría arranca con una pregunta yo voy a hacer como la mayoría porque si lo hace la mayoría bien hecho está y la mayoría nunca se equivoca. Así que voy a empezar por preguntarles ¿Ustedes son pelotudos? ....... Contesto yo así los saco del silencio incomodo: Yo si, pero mucho. Yo soy de los que llegan a un velorio y le preguntan al del duelo ¿Cómo estas? O que cuando alguien me dice "Perdí la billetera" yo pregunto ¿ Donde? Soy de esos Pelotudos que abren la caja de fósforos al revés, se le caen todos y que encima cuando usan un fósforo lo vuelven a guardar en la caja. Incluso a veces soy de los Pelotudos que saben que la luz está cortada, voy a prenderla igual y me doy cuenta de que soy un Pelotudo cuando no prende. Soy de esos que escriben un mensaje y aprietan el rojo, o cuando me voy a bañar, no me llevo la toalla y después grito "Me traes la toalla??!!"
En fin, la idea no es enumerar todas las pelotudeces que hago, porque no me alcanzan los caracteres. La cosa es que uno puede darse cuenta de que es un Pelotudo por que el mundo se lo hace notar. Por ejemplo cuando compras algo por calentón: Hace un mes me compre unos auriculares de la ostia, pero de la ostia y lo digo dos veces porque cuando uno quiere que le entiendan lo dice dos veces, por ejemplo:
-Ese chabon es un boludo
-¿Pero boludo cómo?
-Boludo Boludo
Bueno, fui a comprar los auriculares que suenan bárbaro, cuestión que los compré en un Farmacity ( evidencia número uno de que soy un Pelotudo), la cosa es que al mes volví al Farmacity a comprar unas cosas y vi que mis auriculares ahora estaban casi a la mitad de precio. En un mes!!!. Entonces voy y pregunto,
-¿Por qué el mes pasado costaba el doble?
-Porque esta es la semana fantástica!
Si, fantástica para vos forro. Y así es como el mundo te hace notar que sos un Pelotudo. O sea ¿El Farmacity no me podía avisar un mes antes poniendo un cartel abajo del precio que diga: "No lo compre todavía, no sea Pelotudo que en un mes lo ponemos a la mitad"? Como poder, me podía avisar, pero no lo hace porque sabe que la gente es Pelotuda.
Lo peor de todo es que este sistema suele repetir la frase " Si no está satisfecho le devolvemos su dinero!". Son muy astutos, porque somos Pelotudos, pero no tanto como para volver al Farmacity con la cajita y los auriculares y decirle al de la caja:
-Hola ¿Que tal? Vengo a devolverle esto
-¿Que pasó? ¿No te anduvo?
-No, es que soy un Pelotudo
Menos mal que uno de las experiencias aprende, yo aprendí con los auriculares. Con los auriculares, con el mp4, el celular, el home theater y la bici. Ahora me quiero comprar una memoria para la computadora así que mejor espero.
Pero ahí está el problema, yo asumo que soy un Pelotudo, pero a la gente le cuesta mucho hacerse cargo. Si voy y le pregunto a alguien: "Che vos sos un Pelotudo?" Obvio me va a decir que no. Pruébenlo, todos les van a decir que no, aunque le preguntes a la Jelinek, da igual, te va a decir que no. Es como un chabon que fuma y te dice: "Si, yo fumo, pero lo puedo dejar cuando quiero", a lo mejor si le preguntas si es un Pelotudo te dice: " Si yo soy un Pelotudo, pero puedo dejar de serlo cuando quiera". Es mentira, hay que hacerse cargo. La cuestión es que la gente no se hace cargo porque la sociedad no acepta la Pelotudez ajena, la propia, quizás, pero la ajena....
Por eso yo desarrolle un método que consiste en no hablar. Pero nunca eh... Nunca nunca. Y si te preguntan algo decís que no, por si las dudas. Porque decir que si es de Pelotudo, por ejemplo:
-No tengo monedas ¿Queres un caramelo?
-Si.
¿Por qué decimos que sí cuando en realidad es no?............... Los saco del silencio incomodo: Porque somos unos Pelotudos
**LauCHa**
distancia de los cánones instituidos socialmente que determinan el arquetipo de una persona
inteligente (Dijo que sos un
la correcta actitud genital en lo que respecta a la intimidad y el respeto por un vinculo etéreo y
que desconoce la actitud de vergonzoso adulterio que sistemáticamente te empeñas en
realizar a espaldas de tu cónyuge que ignora por completo, desde su inocencia, tu cínica y
promiscua conducta (dijo que sos
ingenuo feliz de tu marido)
Imagínense un mundo en el que putear al arbitro sea una demostración total de tus aptitudes como poeta. Traten de pensar en un mundo en el que cuando termines de decir un piropo la chica ya está a tres cuadras tuyo, porque ese es al mundo al que vamos
**LauCHa**
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y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
y te pareces a la palabra melancolía.
.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.
.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
El resultado del experimento consistió en una constante carcajada de 7,5 minutos de 15 personas que se encontraban tomando mate en la plaza, el padre de la iglesia de en frente a la plaza se tapó los oídos y una madre hizo lo propio con su hijo. El sujeto del experimento lleva 3 años de terapia psicológica, medicado con psicofármacos y hace tiempo que no le habla a nadie.
La segunda parte del experimento dio por resultado una estampida de 13 pibes que se abalanzaron sobre la chica, culminando en una orgía al aire libre en la que participaron- además de la muchacha- 13 pibes de los cuales 4 eran artesanos que estaban vendiendo cosas en la plaza, 1 de esos africanos que venden anillitos, 3 dejaron a sus novias en ese preciso momento para unirse a la fiesta y un cura apareció en la foto, pero no podemos asegurar qué hizo después de perderse en la estampida. La chica del experimento terminó muy despeinada y se fue a su casa con 13 números nuevos agendados en su celular. Hoy en día tiene un hijo de herencia sudafricana.
De 35 mujeres solo una no le devolvió un gancho de izquierda al mentón de nuestro hombre. La única que no le pegó así le hizo una llave doble Nelson y nuestro sujeto ahora está en coma con la espalda quebrada en tres partes. Quedó más que demostrado que un hombre siendo directo, es muy difícil que pueda llevarse a una mujer a la cama.
De 146 hombres que participaron de la experiencia 50 le juraron amor eterno a nuestra enviada, no sin antes darle un baboso, inesperado y desagradable beso de aliento a borracho. Todos los demás le dijeron cosas como “Ahora me toca a mi morocha” y devolvieron el gesto grotescamente. Dejamos así demostrado que el hombre no sólo participa menos que la mujer en lo que concierne a la cantidad de material genético que hay en la deriva genética de nuestra especie, sino que además es un pobre imbécil desesperado.
Como podemos apreciar en la imagen, esta mujer tiene la posibilidad de darle su material genético a la próxima generación con cualquiera de los especímenes que la rodean, mientras que el hombre debe competir con el resto de sus pares para poder depositar la mitad de su material en la mujer, la desventaja para el macho es que la mujer elige. (La estrategias que utiliza el hombre en estos casos pueden verse en el informe del Instituto Lauchiano de investigación: Homo chamullerus, en este blog)
Estudios de
Como vemos en la imagen son pibes que ven el boliche como centro de recreación y no de seducción. Por lo tanto se ahorran la frustración que sufren los pichones, puesto que van al boliche sin más objetivo que el de pasarla bien con sus amigos.
Gato con guantes…
Una fría tarde en la capital, encadenado a la rutina arranqué a caminar por el ya recurrente sendero hasta la parada del colectivo. Puesto que unos húmedos y gélidos 6 o 7 grados hacían que la gente camine con el cuello escondido tras bufandas y la manos refugiadas en los bolsillos, decidí ponerme mis guantes de lana que dejaban la yema de los dedos al descubierto (aclaro que usaba esos guantes no sólo por gusto, sino que los guantes normales me impiden manipular los objetos con total seguridad, como el celular, llaves, monedas y demás cosas que precisan de motricidad fina para que funcionen).
Parado bajo el cartelito de la línea 12, veía como el bondi se acercaba al cordón para que yo me suba. Cuando subí al colectivo, vi que en el medio de éste había un grupo de chicas bastante bonitas. No se si fue el frío y/o mi naturaleza de hombre lo que hizo que yo quiera hacerme el lindo con las muchachas que habían reparado una fugaz pero sólida e intencionada mirada hacia mi persona, así que con mi mejor voz seductora de locutor dije: “$ 1,25 por favor”. Una vez que me decidí a poner las monedas en el giratorio dispositivo, un pedazo de lana suelta de mis guantes se atoró en el engranaje. Asustado empecé a tironear con fuerza mientras el aparato forzaba mi mano y en consecuencia mi brazo haciendo que yo también gire hasta que por fin el guante se rompió y el pedazo de lana quedó dando vueltas con el resto del aparato.
Cuando pude levantar la mirada, aun jadeando y con el pulso acelerado noté para mi desgracia que no sólo las chicas con las que quise hacerme el galán se estaban riendo, sino también el colectivero y un par de pasajeros más…
Cuidado: Desnivel.
Me encontraba en el fondo del colectivo leyendo unos apuntes y escuchando música de la que no se canta (cosa de concentrarme en la lectura y aislarme de los ruidos del motor). Casi llegando a la facultad, se subió un grupo de chicas de no más de 17 años. Teniendo todo el colectivo para sentarse eligieron los asientos que estaban delante mío, menos una que se quedó en el medio del colectivo, antes del escalón que separa el espacio para discapacitados, viejas, embarazadas y gente molesta que se pone al lado de la puerta y te dificulta el descenso del colectivo, de la tierra alta donde abunda la gente que no sede el asiento ni por amenaza de inminente escupitajo en el ojo. Espero que haya quedado claro el lugar en donde se encontraba la chica, con la que desde el fondo yo intercambiaba un par de miradas buscando una complicidad que los dos sabíamos inexistente, pero aun así continuamos jugando al “te miro y me hago el gil que mira otra cosa”.
Como un buen porcentaje de los porteños, empezaron a hablar a los gritos cosa de que todo el colectivo escuche su charla, y yo como tipo interesado en los andares de nuestra juventud (por no decir chusma), me saqué los auriculares. La charla giraba en torno a cosas del colegio y sobre una chica que no era del agrado de ese grupito. Cuando pidieron opinión a la chica que se encontraba en las tierras bajas, empezó a acercarse de a poco hacia sus amigas mientras que a paso seductor y dedicándome unos falsos parpadeos, respondía al pedido de sus amigas sin reparar que pocos centímetros más adelante estaba el escalón... La caída fue en cámara lenta, uno de los pies quedó enganchado en el escalón y la velocidad que tomó impidió su innata reacción de poner las manos, haciendo que se haga cajeta la cara contra el suelo.
La facilidad que tiene el ser humano para reírse de la desgracia ajena es una bendición de la que decidí prescindir para ahorrarle un poco de vergüenza, así que en lugar de mearme de risa en su cara, miré por la ventana y largué una disimulada carcajada y esperé para mear en la facultad…
La moraleja es que si se van a hacer los cancheros, hay que tener en cuenta todos los factores climatogeográficos, adversidades tecnocientíficas y vicisitudes varias que al sumarse con tu potencial estupidez, puedan de una u otra manera complicar tu banal intento de cortejar al projimo (o a su mujer).
**LauCHa**
Cuando salí de mi habitación, subí la persiana del living para invitar al sol a tomar unos mates. Acto seguido prendí la radio, me dirigí a la cocina para poner la pava, pero una montaña de platos y cacerolas, que debido a su antigüedad en la bacha ya estaban algo corroídas, me impedían llenar la pava. Inmediatamente después de agarrar la esponja escuche una risa dentro de la heladera. En ese momento el miedo que había reprimido la noche anterior, empezó a aflorar. No sin agarrar un cuchillo me asome hasta la puerta de la heladera y la abrí lentamente. No me encontré con nada ni nadie raro, lo cual no me tranquilizo, la idea de perder la cordura me dio más miedo. Cuando estaba por cerrar la puerta de la heladera y llamar a un hospital psiquiátrico escuche la risa nuevamente, entonces empecé a revolver las entrañas del refrigerador y me encontré con un viejo plato de ravioles de incierta procedencia e incalculable antigüedad. -Buen día Laucha!- me dijo uno de los fétidos ravioles. –Esto es el colmo, me voy a poner a limpiar- me reproche después de cerrar la puerta de la heladera.
Ante esta pulcra amenaza, la suciedad de mi departamento empezó a sublevarse: la comida se aferraba fuerte a la vajilla, los ravioles me rogaban que no los tire a la basura, los pelos y restos de jabón que estaban de spa en el baño se negaban a despegarse de los azulejos. Cuando notaron que yo realmente quiero vivir solo, que no quiero convivir con ningún ser vivo a excepción de mi aloe vera, empezaron a contra atacar. Los ravioles agarraron un fideo y lo utilizaron como cuerda para escapar del tacho, la mugre de los platos hicieron piquete en la tubería y me taparon la cocina, el jabón empezó a correr por todo el baño haciendo que me resbale. Necesitaba ayuda, no podía yo solo ante la subversión a la que, paradójicamente yo le había no solo prodigado vida, sino también fuerza.
Cuando estaba pensando en prender fuego la casa, la lavandina, el cif crema, el poet, el trapo de piso y el escurridor acudieron a mi rescate y comenzamos la lucha: Acorrale a los ravioles y los obligue a meterse adentro del tacho (no sin recibir sus insultos y promesas de venganza), expulse la mugre del baño a través del desagüe y logre reprimir el piquete en la tubería de la cocina.
Termine sin poder compartir esos mates con el sol, pero con la satisfacción de estar seguro que ahora si vivo solo. Me fui a la cama sin comer, ya que no quería ensuciar nada. Cuando estaba cerrando los ojos, la puerta de mi habitación empezó a abrirse lentamente mientras hacia un suave rechinido –uy! no cerré la ventana del living- me dije sin darle importancia al viento. De repente comencé a sentir una suave presión en distintas partes de la cama que de a poco se acercaba a la almohada. Prendí el velador y vi a 15 ravioles rodeando mi cuello con un fideo. Querían cumplir su rencorosa promesa.
**LauCHa**
Me llegó una noticia hoy que un tanto-en parte- me entristeció. Algo que hizo darme cuenta que pronto tendré un cambio en mi vida.
A quien va dirigida esta carta, no es de entender por las buenas, así que quiero usar mi blog para ver si por lo menos la exposición publica hace que entienda.
Querida:
Disculpame que te moleste otra vez, ya se que estas cansada de que te toque e intente cambiarte, transformarte en algo que no sos. Pero me parece que no fui muy claro cuando hablé de lo nuestro: no entendiste cuando lo plantee la vez pasada. No es que yo no te quiera, ni me parezcas más que merecedora de mi fidelidad y predisposición a compartir esto juntos. Pero en el transcurrir de los últimos años te noté un poco lenta, que no congeniamos, no logras satisfacerme ni yo cuidarte como debería.
Entendeme, para mí también es muy difícil terminar esto, son muchos años juntos, tantas cosas que me mostraste, tantos secretos que compartimos, tantas risas y disgustos.
A lo que voy es que ya no puedo más seguir así, no puedo mentirte ni esconderte la verdad: hay otra. Por lo tanto creo que lo mejor es terminar esto.
Te voy a extrañar muchísimo, pues, fuiste la primera en mi vida (la primera que era sólo para mí, más allá de que mis amigos intentaron hacer lo que sólo yo se hacer: tocarte y entenderte). Se que yo soy el único que puede hacer que vivas, pero no quiero que entiendas esto como tu muerte, seguirás siempre en mi, y en mi placard.
Gracias por todo vieja computadora, gracias por tus escasos 128 mb de memoria, tus limitados 40GB de espacio, tu arcaico windows 98 y tus sistemáticos tildes cuando tenía que hacer algo importante.
Pronto tendré compu nueva
**Laucha**










